La infelicidad tiene una sola causa: las falsas creencias que albergamos en nuestra mente. Debido a tales creencias, vemos el mundo y a nosotros mismos de una manera deformada.
Algunas de las falsas creencias que nos aparten de la felicidad se pueden sintetizar en las siguientes frases:
- “No puedo ser feliz sin las cosas a las que estoy apegado y que tanto estimo”.
- “La felicidad es cosa del futuro”.
- “La felicidad te sobrevendrá cuando logres cambiar la situación en que te encuentras y a las personas que te rodean”.
- “Si se realizan todos mis deseos, seré feliz”.
La felicidad no puede ser descrita pero se puede conocer el sabor de la misma cuando comprenda mis falsas creencias y haga, con ello, que pierdan su fuerza.
Esto no es fácil porque hemos sido “programados” para ver esas falsas creencias como hechos, como realidades y porque nos aterra perder el único mundo que conocemos: los deseos, los apegos, los miedos, las presiones sociales, las tensiones, las ambiciones, las preocupaciones, la culpabilidad…, con los instantes de placer, de consuelo y entusiasmo que tales cosas proporcionan.
Si quieres obtener una felicidad verdadera tienes que dedicar un tiempo a tratar de ver tal como son cada una de las cosas o personas a las que te aferras y sin las que estás convencido de que no puedes ser feliz para tener la posibilidad de dejar de aferrarte a ellas y, de ese modo, destruir su capacidad de dañarte.
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