miércoles, 10 de noviembre de 2021

LA CUMBRE DEL CLIMA Y LA EMERGENCIA CLIMÁTICA


Las conferencias de las partes (COP) conocidas como las cumbres del clima es el órgano supremo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático. Actualmente se está celebrando la COP 2021 en la ciudad de Glasgow. Las noticias que nos llegan y las valoraciones que están haciendo las organizaciones ecologistas reflejan que hasta ahora los líderes mundiales no están poniendo sobre la mesa los acuerdos y compromisos que la actual situación de emergencia climática requiere y que una vez más se mira para otro lado, mientras nos acercamos a un abismo de proporciones apocalípticas.

En mi opinión, el cambio climático es el reto más importante que tiene que abordar la humanidad en su conjunto, lo cual debería llevarnos a aceptar el hecho de que estamos en una situación de emergencia climática mundial que requiere actuaciones globales de un calado incluso mayor a la emergencia que ha generado la pandemia del COVID.

La crisis climática se tiene que abordar vinculándola a la lucha contra las desigualdades sociales. Creo que son peligrosos los discursos que achacan a la especie humana la culpa de lo que está pasando. Lo cierto que unos tienen más responsabilidades que otros. Un estudio de Oxfam-Intermón destaca que los más pobres son los menos responsables de la crisis climática puesto que el 1% de la población mundial (los más ricos) contamina el doble que la mitad más pobre, no en vano, ese 1% de los más ricos del mundo acumula el 82% de la riqueza global.

Incluso si se cumplieran los tímidos acuerdos que se están tratando de poner en marcha en esta cumbre del clima, las previsiones sobre el cambio climático nos abocan a distintos fenómenos catastróficos que ponen en riesgo el futuro inmediato de la humanidad y de muchos otros seres vivos del planeta. Como dice Juan López de Uralde en "El planeta de los estúpidos": "el futuro pasa por un cambio desde abajo que obligue a los dirigentes políticos y empresariales a mirar a nuestra Tierra y a sacarla de una vez por todas del abismo ecológico al que se dirige". 

Pese a los malos augurios no nos podemos permitir caer en la impotencia o en la estrategia del avestruz. Cyril Dion, uno de los fundadores del Movimiento Colibris, en su libro "Resiste. Pequeñas ideas para cambiar el mundo" recoge la conocida leyenda amerindia del colibrí que a mi me sirve de inspiración para responder a la pregunta de que puedo hacer para aportar mi grano de arena para salvar el planeta. Cuenta la leyenda que "un día se desató un enorme incendio en la selva. Todos los animales, aterrorizados, contemplaban impotentes el desastre. Tan sólo el pequeño colibrí pasó a la acción y fue a buscar algunas gotas de agua con el pico para echarlas sobre las llamas. Al cabo de un rato, el armadillo, exasperado por aquella ridícula agitación, le dijo: '¡Colibrí! Pero ¿estas loco? ¡No vas a apagar el fuego con esas gotas de agua!'. A lo que el colibrí replicó: Lo sé, pero pongo mi granito de arena".