jueves, 8 de diciembre de 2011

A LA ESPERA...DE LA GRAN RECESIÓN


Hoy, los líderes de la Unión Europea comienzan una reunión clave para el futuro del euro y de la propia U.E., mientras que en España seguimos a la espera de la concreción de las medidas que va a tomar el nuevo gobierno, inmersos en el sopor de una siesta que amenaza derivar en una pesadilla, tal como acertadamente nos lo cuenta Iñaki Gabilondo en su último vídeo.

La pesadilla es que todo esto acabe en lo que Ignacio Ramonet vaticina como la gran recesión a la que vamos de cabeza en Europa y, en consecuencia, en España. Los líderes europeos no parecen tener en cuenta las recomendaciones del premio nobel de economía, Joseph E. Stiglitz, para salvar al euro.

Y es que, tal como ha señalado recientemente la Confederación Europea de Sindicatos, Europa necesita urgentemente inversiones productivas que requieren una intervención decidida del Banco Central Europeo, impuestos a las transacciones financieras y una acción concertada contra la evasión fiscal y el fraude fiscal, entre otras medidas. 

Parece que frente a ello, se va a mantener la prioridad de la contención del déficit público en los plazos previstos y la contención del déficit privado aún a costa de seguir presionando aún más a la baja los salarios, flexibilizar la contratación y el despido y debilitar la protección social y los servicios públicos.

Por esta senda, nada bueno se puede esperar de la maltrecha "construcción europea".



2 comentarios:

  1. Ciertamente vamos proa al marisco.
    Nuestras economías se encuentran congeladas, no hay crédito, ni para la empresa ni para el ciudadano y esto solo ralentiza aún más la economía. La recaudación del impuesto de sociedades ha decrecido escandalosamente y esto solo indica que cada vez somos menos eficientes. Nuestro tejido empresarial se desmorona y con ello la economía doméstica. Con casi un 30% de desempleo -registrado- en Canarias, lideramos -con mucho- este indicador a nivel europeo, conjuntamente con los departamentos franceses de ultramar de Reunión, Guadalupe, Guayana y Martinica.
    El gobierno promueve la emprendiduría pero parece más para modificar las estadísticas que verdaderamente para fomentar que emprendamos nuestro propio negocio. Las ventajas para los autónomos son más que discutibles y los casi 260 euros que debemos aportar a la Seguridad Social, se convierten en muchos casos en una barrera más. Por otro lado, tampoco se han agilizado los trámites para establecer un negocio -a pesar de la Directiva Europea de Servicios-, por consiguiente, emprender la aventura en solitario es un duro camino que algunos estamos siguiendo con más penas que alegrías.
    Ante todo esto ¿qué hará el nuevo gobierno? Espero que nos sorprenda con medidas efectivas y que huya de la demagogia y de "mirar hacia atrás", lamentando el posible estado en el que se han encontrado "la casa". Solo con la acción conjunta de todos los agentes, partidos políticos y fuerzas sindicales, se podrá tener alguna posibilidad de mejorar esta situación.
    Los gobiernos autonómicos deben cejar ya en su costumbre de vanagloriarse de los éxitos logrados, culpando al "poder central" de nuestras desgracias. Aquí también es indispensable el consenso; ¡rememos con el mismo ritmo si queremos que este bote llegue a su destino!

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  2. ESTA CRISIS NO ACABARÁ NUNCA PORQUE LA VERDADERA CRISIS ES LA ENERGÉTICA Y LA DE RECURSOS NATURALES (http://crashoil.blogspot.com/2011/12/la-viabilidad-de-los-sentamientos.html)
    Pensemos en las pequeñeces del mundo urbano actual. ¿Por qué existen sedes internacionales de grandes corporaciones en nuestras ciudades? ¿Por qué disponemos de fibra óptica? ¿Por qué se pueden comprar frutas de Latinoamérica o por qué sale agua del grifo? Todos somos urbanitas, acomodados a lo que la ciudad nos da, sin muchas veces detenernos a pensar el por qué es así, y sobre todo, cómo puede ser que sea así. Pues sí, lectores, todo este mundo urbano es un tinglado insostenible que se ha ido fabricando a base de energía abundante y barata. Es un modelo derrochador. La gente coge el coche para ir a trabajar. Los alimentos vienen de donde sea. Del mismo modo que muchos otros productos, que llegan a bordo de grandes buques que los transportan vía marítima (con vasto gasto de petróleo incluido). Todo este crecimiento es posible gracias a esto, a un extraño período de la humanidad donde parece que todo es posible, que con la tecnología y el capital que la fecunda, se puede acceder a todo, por más rocambolesco y morboso que sea nuestro sueño. Pero la realidad, por desgracia nuestra, parece ser bien distinta. Con nuestro tecnooptimismo y nuestro pensamiento mágico no alcanzamos a ver que las grandes megalópolis pueden llegar a ser insostenibles, por no saber proporcionar tales ingentes cantidades de comida, agua, ropa y demás bienes y servicios básicos, o no poder gestionar tal cantidad de residuos o aguas fecales (como ya empieza a hacerse evidente en algunos lugares en España). Además, suelen ser núcleos donde se acumulan actividades que, si las cosas cambian a escalas más racionales (y es lo que parece que está sucediendo), menos grandes y menos globalizadas, tenderán a ser sustituidas o desaparecer (aparte de enviar a mucha gente al paro, cual es el futuro de una cierta parte de la población que se dedica a oficios sólo posibles gracias al derroche actual, léase modelos, publicistas, diseñadores de estupideces y tantas y tantas otras ocupaciones, a priori, no necesariamente imprescindibles).
    Si una gran ciudad puede verse fuertemente afectada por la crisis energética que se nos avecina, ¿qué pasa con las comunidades que viven en las islas? La insularidad es una dificultad añadida al problema. Una isla es un ecosistema especialmente frágil y dinámico. Del mismo modo que, una vez conquistado por el hombre, se vuelve dependiente de los aportes exteriores que solo solo llegan por mar o aire. Este es el caso del Reino Unido, por ejemplo, donde una gran parte de los alimentos llega porbarco y por avión. Un pais admirado donde ya empieza a hacerse el problema manifiesto: una isla con recursos energéticos nativos muy esquilmados, que tiene que importar, y densamente poblada, donde ya se plantean a nivel gubernamental intentar hacer un sistema de reparto equitativo de energía. Más problemas tendrán, previsiblemente, aquellas islas que se hayan “vendido” al turismo de masas, puesto que parte de su territorio ya se ha edificado (a veces “a lo loco”), y donde la actividad agrícola se encuentra desaparecida o en vías de extinción, hecho que añade más dificultad a la búsqueda de una solución sostenible. Ya que, como ocurre en ciertos enclaves turísticos insulares de hoy en día, vive en la isla tal cantidad de personas que, sin este extraño momento de la historia, difícilmente podrían sobrevivir. Parece entonces fácil de pronosticar que las comunidades que residan en islas pueden llegar a ser las primeras en verse afectadas por el Peak Oil o la escasez generalizada, dada su amplia necesidad de “traer de fuera” todo tipo de recursos que “escasean o faltan dentro”, especialmente si se han especializado en un determinado sector económico.

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