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viernes, 4 de octubre de 2013

¿CUÁNTA POBREZA PODEMOS SOPORTAR?


En vísperas de las dos manifestaciones canarias contra la pobreza y el paro (mañana sábado 5 de octubre a las 11 de la mañana en Las Palmas y S/C de Tenerife), recomiento la lectura de este artículo de Esther Vivas que parte de una pregunta que ya llevamosla haciendo en nuestra islas desde hace tiempo: ¿Cuánta pobreza podemos soportar?
 
SE CUECEN HABAS
03 oct 2013
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Esther Vivas

“No podemos ir a peor”. ¿Cuántas veces hemos oído esta frase? Pensamos que más pobreza, más precariedad, más paro, más desahucios, más hambre son imposibles. La realidad, pero, contradice dicha percepción. En los últimos años, las cifras, y los rostros, de la miseria no ha hecho sino aumentar en el Estado español. Hoy, la cifra de personas que viven en situación de pobreza extrema se sitúa ya en tres millones de personas. La renta familiar ha caído a niveles del año 2001. La explicación es tan sencilla como dura: los ingresos han disminuido en un 4%, mientras que los precios han aumentado un 10%. Así lo indican los datos del estudio ‘Desigualdad y Derechos Sociales. Análisis y Perspectivas 2013′, elaborado por la Fundación Foessa.

Los más afectados son los pobres entre los pobres, los que menos tienen. Ayer una persona sin recursos, que vivía en la calle, moría de hambre en Sevilla. Primero es el desempleo, después las dificultades para llegar a final de mes, a continuación el no poder pagar la luz, el agua, la electricidad, el alquiler o la hipoteca y, finalmente, la comida. La tendencia indica que vamos a peor. En el año 2025, se calcula que la cifra de pobres en el Estado español podría aumentar en ocho millones, según el informe de Intermón Oxfam ‘La trampa de la austeridad’. No sólo se trata de la crisis, sino de las medidas que se aplican de salida a la misma. La austeridad, los recortes, la disminución de ayudas y prestaciones, la privatización de los servicios públicos, el aumento del IVA… recaen, principalmente, en los sectores más vulnerables.

En consecuencia, las desigualdades sociales van en aumento. La diferencia entre los más ricos y los más pobres en el Estado español se sitúa ya en un 30%, en la cima de la desigualdad en Europa, por delante, incluso, de países duramente golpeados por la crisis como Grecia, y sólo superados por otros como Letonia, Bulgaria y Portugal. La conclusión es clara: unos pocos aumentan sus ganancias a costa del empobrecimiento de la mayoría. La salida a la crisis no es imparcial ni ideológicamente neutra, responde a los intereses de unas élites políticas y económicas que esperan ganar, y mucho, con esta situación. Nuestra miseria es, ni más ni menos, que su beneficio.

¿Podemos ir a peor? Tristemente, sí. Las políticas de salida a la crisis que actualmente se aplican en la periferia de la Unión Europea son calco y copia de las que durante décadas se han llevado a cabo en los países del Sur. Si entonces se llamaban Programas de Ajuste Estructural, hoy reciben el nombre de “rescate”. La lógica, pero, es la misma y el resultado de sobra conocido. Avanzamos hacia una tercermundización de la sociedad. La dinámica centro-periferia que se ha dado en los últimos años a escala global, se repite ahora en el seno de la Unión.

Pero, ¿cuánta pobreza podemos soportar? ¿Cuánta miseria estamos dispuestos a aceptar? ¿Hasta donde permitiremos que nos sigan recortando? La sed de beneficios del capital no tiene límites. Y el lucro no hace sino aumentar su avaricia. Sólo nosotros, la mayoría, somos los únicos capaces de hacerle frente. Cuando nos demos cuenta de ello, y actuemos en consecuencia, habremos ganado la partida.
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martes, 17 de septiembre de 2013

LA ILP POR UNA RENTA GARANTIZADA CIUDADANA




La Red Renta Básica inició su actividad a principios de 2001. Un buen número de personas que ya llevaban una década promoviendo la propuesta de la Renta Básica, con éste o con otro nombre, e investigando determinados aspectos de la misma, decidieron constituir la Asociación. En el artículo 4 de los Estatutos se dice que "constituyen los fines de esta Asociación la promoción y difusión de estudios y la investigación científica sobre la Renta Básica, para un mejor conocimiento de la propuesta y de su viabilidad". La Red Renta Básica es sección oficial de la organización internacional Basic Income Earth Network (BIEN) desde la asamblea de ésta última realizada en Ginebra el 14 de septiembre de 2002.

En la página web de la red  he encontrado el artículo que transcribo a continuación de David Casassas sobre esta la ILP que se está llevando a cabo en Cataluña. Creo que sería muy interesante el promover algo parecido en Canarias.



La actual crisis económica y social, efecto y cúspide del giro neoliberal que el capitalismo viene realizando desde mediados de la década de 1970, está dejando tras de sí un paisaje desolador: a la masiva destrucción de puestos de trabajo, que implica un incremento espectacular del riesgo de pobreza y exclusión para la gran mayoría, se le suma el intento de demolición de las instituciones básicas del Estado del Bienestar, lo que debe entenderse como parte de un ataque, de todo punto político, a las condiciones de vida del conjunto de las clases populares, unas clases populares que, por ello, ven mermados su margen de maniobra y su capacidad de decisión a la hora de formar y desarrollar proyectos de vida libres y autónomos.


Todo este escenario viene acompañado también por cambios profundos en los mercados de trabajo y en las políticas públicas tradicionalmente vinculadas a su funcionamiento. Durante los años de vigencia del pacto social de posguerra, se entendía que la garantía de los ingresos de los hogares venía dada por la garantía del empleo (masculino, por supuesto), que (se suponía que) no faltaba; y cuando el empleo faltaba, entraban en funcionamiento políticas de garantía de rentas y de formación ocupacional que (se suponía que) conducían a la reinserción sociolaboral de las personas coyunturalmente excluidas. Hoy este viejo consenso ha quedado hecho trizas: la presencia de más de seis millones de personas paradas en el Reino de España –más de 900.000 en Cataluña, donde, además, se encuentran 267.000 hogares en los que ninguno de sus miembros tiene empleo– y el crecimiento galopante de la precariedad ponen de manifiesto la dificultad de que los actuales mercados de trabajo, bajo las actuales reglas de juego, absorban el conjunto de la población y ofrezcan unas condiciones de vida elementalmente dignas.

Por si fuera poco, los viejos mecanismos para el sostenimiento de las rentas de los hogares –fundamentalmente, las rentas mínimas de inserción (RMI) gestionadas por las comunidades autónomas del Reino de España– han ido degenerando hasta convertirse en verdaderas caricaturas de sí mismas: si antes fracasaban en el empeño de aupar al conjunto de la población excluida a una existencia digna –los índices de cobertura eran muy escasos y las tremendas condicionalidades que implicaban se convertían en dolorosas fuentes de estigmatización y de control social–, hoy se han transformado en programas residuales tocados de muerte por el paso del tijeretazo neoliberal –basta recordar, a modo de ejemplo, la mutilación sufrida por la RMI catalana en verano de 2011: para el 2012, se destinó un 27% menos de los ya exangües recursos previstos para dicho programa en 2011–.

En este contexto, la aparición de una Iniciativa Legislativa Popular por una Renta Garantizada Ciudadana (RGC) no puede sino ser motivo de celebración y de activación política. Reconocida por el artículo 24.3 del Estatuto de Autonomía votado en Cataluña en el referéndum de 2006, la RGC aspira a garantizar una prestación económica a toda persona que cuente con unos ingresos inferiores al umbral de la pobreza. En concreto, y de acuerdo con los datos ofrecidos en el Proyecto de Ley, su aprobación permitiría que todas las personas residentes en Cataluña tuvieran unos ingresos económicos por lo menos iguales a 664 euros mensuales, lo que permitiría terminar con las causas económicas de la pobreza.